Opinión | Textamentos
Ha nacido un lector

Niños leen en una plaza de Plasencia
En ocasiones se enciende una luz sin que nadie haya pulsado el interruptor. Es lo que ha ocurrido con mi hijo Mario, de nueve años. Hiperactivo y con un gusto por las pantallas similar al de cualquier otro niño de su edad, hasta la fecha se había mostrado reacio a la lectura. Pese a que viene recibiendo libros en forma de regalo desde muy pequeñito, después de la alegría inicial acababa relegándolos al olvido.
Pero, como decía, en ocasiones una luz se enciende, y en las últimas semanas, cada mañana, nada más subirse al coche, saca de su mochila el libro de turno y se enfrasca en él hasta que, unos veinte minutos después, llegamos a su colegio. Sea porque ha madurado o porque su hermano Chico y yo hemos dejado de resultarle interesantes (si acaso alguna vez lo fuimos), no nos dirige la palabra, ni siquiera nos mira, tan enfrascado como está en la lectura.
No tengo la menor idea de cómo fomentar la lectura en los niños, tan embebidos en la tecnología como lo estamos los adultos. Pero la luz, esa luz amable y redentora que a veces cae sobre una persona para mostrarle el buen camino, se ha encendido en el interior de mi hijo, y ahora se duerme cada noche abrazado a un libro
Su iniciación a las letras ha sido espontánea y para mí inesperada. Aun siendo un entusiasta aficionado a escuchar historias, no parecía que el esfuerzo de leerlas fuera con él. Y bien porque soy un optimista y esperaba que antes o después acabaría germinando en él la afición por la lectura, bien porque soy un pesimista y daba a este niño ya por perdido, nunca hice nada por reconducirlo. Él sabe que leo mucho y que llevo más de veinte años publicando libros, pero no parecía que mi faceta literaria lo impresionara, así que no me vi con fuerzas para llevarlo a mi terreno.
Pero la luz, esa luz amable y redentora que a veces cae sobre una persona para mostrarle el buen camino, se ha encendido en el interior de mi hijo, y ahora se duerme cada noche abrazado a un libro.
No tengo la menor idea de cómo fomentar la lectura en los niños, tan embebidos en la tecnología como lo estamos los adultos. Aun así, si alguna vez me preguntan cómo conseguí hacer de Mario un gran lector, adoptaré pose de erudito e inventaré algo sobre la marcha.
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